El peligro de la deshumanización del derecho

Publicado por el

Blog Académico

El tema de la persona ante el Derecho parece cobrar en la actualidad un destacado interés para los juristas y legisladores. Esto obedece, en gran medida, a los distintos proyectos que se encuentran en tramitación en el Congreso que apuntan a temas relacionados con los derechos inherentes a la persona humana. Sin embargo, en todas estas iniciativas está latente el peligro de una deshumanización del derecho. Un ejemplo de lo que se viene diciendo es la tendencia a enmarcar el término “persona humana” en una categoría conceptual estrictamente jurídica, de carácter más bien instrumental o técnico, sin reflejar ninguna realidad ontológica, con lo que el individuo se ha ido transformando en una pura creación normativa.

La escisión entre el concepto de ser humano y persona ha permitido que algunas legislaciones establezcan arbitrariamente el momento a partir del cual se adquiere esa calidad y cuando ésta termina, a espaldas de la realidad natural, lo que le ha abierto las puertas al aborto y a la eutanasia. Por otra parte, con este planteamiento, nada impediría a que en un futuro no lejano el legislador pueda otorgarle la calidad de sujeto de derecho a otras entidades que no son humanos, como ciertos animales o vegetales.

Los trastornos que puede acarrear esta concepción se presentan en distintos ámbitos, además de los ya mencionados. En la sexualidad, por ejemplo, se ha pasado de una visión del sexo como una característica natural innata a la identidad de todo ser humano, a una concepción del sexo como una cualidad dinámica y disponible. Así, la identidad sexual no sería ya algo que nos viene dado por la naturaleza, sino más bien un proyecto a construir y a definir por elección.

En forma más indirecta, pero sin duda relacionado con lo que venimos diciendo, esta visión del hombre se refleja también en el Derecho de Daños, donde no es extraño ver que una madre demande a un facultativo que no advirtió en el feto la existencia de una malformación, lo que le habría impedido tomar la decisión de abortar. Incluso le ha reconocido este derecho al propio hijo, cuando ha nacido. Se habla ya del “perjuicio de nacer” o del “perjuicio de vivir”.

Estos temas obligan a una profunda reflexión, y no solamente a los creyentes, porque el tema de la vida pertenece a toda conciencia humana que aspira a la verdad a través de la razón.