El daño moral en Materia de familia.

Publicado por el

Blog Académico

David G. Vargas Aravena*.

La doctrina y jurisprudencia chilena escasamente se ha preocupado por el tema de los daños que puedan ocasionarse entre sí, las personas unidas por vínculos familiares, ya sean por matrimonio o parentesco, entiéndase cónyuges, padres e hijos, hermanos, entre otros, e incluso entre personas unidas por lazos de convivencia, como es el caso de las uniones de hecho.

En efecto, cualquier estudio bibliográfico demuestra la efectividad de nuestra afirmación, debido probablemente a que el Derecho de daños se aviene mal con el Derecho de familia, en atención a que este último está inspirado en principios que exceden a cuestiones meramente patrimoniales, como son, el principio de especialidad del Derecho de familia que permitiría aplicar sólo los efectos expresamente previstos por el legislador, la jerarquización de la estructura familiar, el interés y bien común de la familia, la protección superior del menor, la sacralización del matrimonio, los vínculos de solidaridad y altruismo existentes al interior de la familia, el contenido ético moral de los deberes y derechos de familia, todos contrarios a la presentación de cualquier reclamación jurídica entre las partes involucradas.

La práctica en el campo de investigación nos demuestra que, por excelencia, sólo dos han sido los temas clásicos que han interesado a la doctrina y jurisprudencia, a saber, la responsabilidad civil de los padres por el hecho de sus hijos menores, y la cuestionada legitimación activa por la muerte de uno de los miembros de la familia. Es más, la limitada preocupación de los daños ocasionados a o por uno de los miembros de una familia por o a un tercero, se ha centrado sólo en sus relaciones externas, en lo concerniente a cómo repercute sobre los demás integrantes del grupo familiar el hecho de que uno de ellos sufra un daño a causa de un tercero, o cuando es él quien lo causa, lesionando los intereses personales o patrimoniales de alguien ajeno a la familia.

En estos y otros supuestos que podrían traerse a colación, lo que se cuestiona, en el fondo, es si la familia conserva todavía cierta cohesión o unidad como para que, en unos casos obligue a sus miembros a tener que asumir las consecuencias de la responsabilidad por el hecho ajeno, mientras que en otros los legitima en cambio para reclamar la correspondiente indemnización; en fin, se cuestiona cómo deben responder, quién debe responder, o quién debe o puede ejercer la respectiva acción, pero se despreocupan de aspectos tan significativos tales de cómo ese daño afecta en las relaciones internas de la familia, cuál es el patrimonio que en definitiva debe soportar ese coste o a quién debe favorecer, si existen o no posibilidades de que los padres puedan solicitar reembolsos a sus hijos por los daños causados por éstos a terceros, entre otros.
Sin embargo, como los principios que inspiran las normas generales del Derecho de daños, tales como alterum non laedere, de indemnidad e integridad del daño, reaccionan frente a la existencia de un perjuicio, independiente del escenario en que ello suceda, creemos que es indispensable cuestionarnos esa falsa justificación de que la familia todo lo ampara, y que ha motivado, erróneamente, a desatender su aplicación, restringiendo su esfera a unos pocos casos.

Lo anterior, unido a la tendencia de realzar a la persona por sobre la familia, de priorizar la autonomía y libertad privada, de la nueva concepción de la familia, donde destaca el interés individual de sus miembros por sobre un interés superior, han llevado a una transformación del tema en cuestión, planteándose hoy en día, la extensión del Derecho de daños al Derecho de familia, a través de la prolongación y desarrollo de determinados temas.

Lo anterior se evidencia, al hallarnos en la doctrina comparada, con los primeros estudios sobre cuestiones tales como, la paternidad responsable, la protección del nasciturus, las situaciones de injusta concepción, nacimiento y vida (wrongful conception, birth y life), la responsabilidad civil de los padres por la enfermedades o malformaciones con que nacen sus hijos en el ámbito de la procreación natural, o por el no reconocimiento voluntario del hijo de filiación extramatrimonial, o por el incumplimiento de la relación directa y regular.
Sin embargo, uno de los tópicos más controvertidos, es la incierta aplicación de las reglas de responsabilidad civil a los cónyuges por los daños causados entre sí por incumplimiento de los deberes conyugales, en especial, de los daños morales. En este punto existen posiciones totalmente contrarias, que oscilan de un extremo a otro, y que van desde el rechazo de cualquier acción de daños por incumplimiento de los deberes matrimoniales como se observa en las sentencias de la Corte de Apelaciones de Santiago de 10 de noviembre de 2009, o de Puerto Montt de 20 de diciembre de 2010, a otros que se manifiestan partidarios de admitir plenamente su aplicación conforme a las reglas generales, sin olvidar a aquellos que sostienen una postura intermedia, y que admiten la posibilidad de ejercer las acciones de responsabilidad sólo cuando estemos enfrentados a conductas que causen daño a derechos o intereses inherentes del otro cónyuge conceptualmente separables de su interés en el mantenimiento del matrimonio y en el respeto a sus reglas, como pueden ser los daños ocasionados a la integridad física y psíquica del cónyuge, a su salud, libertad, honor o intimidad, libertad sexual o patrimonio.

En fin, podríamos seguir enumerando distintas situaciones, pero conforme a lo señalado, podemos colegir que la extensión del Derecho de daños al Derecho de familia, se encuentra en una etapa de formación; se ha escrito sucintamente sobre el particular, pero con una tendencia clara de no excluir la aplicación de las normas de responsabilidad por los daños causados entre familiares.
____________________________________
* Doctor en Derecho por la Universidad de Salamanca-España, Licenciado en Derecho por la Pontificia Universidad Católica de Chile, Profesor de Derecho civil en la Universidad Católica de la Santísima Concepción-Chile.