El Papa que forjó la Paz

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Blog Académico

Decano Facultad de Derecho

Hernán Varela Valenzuela
Decano Facultad de Derecho
Universidad Católica de la Santísima Concepción

Profesor titular de Derecho Internacional PúblicoSe ha recordado en estos días los 25 años de la histórica visita a Chile del Papa Juan Pablo II. Sin embargo, poco y nada se ha dicho sobre la enorme deuda de gratitud que Chile y los chilenos, junto con Argentina y los argentinos tienen para con el Pontífice.

Es necesario volver en el tiempo, retrotraerse al año 1978 y a los inmediatamente anteriores, para revivir las delicadas y graves circunstancias que marcaron el acontecer de entonces entre los dos países.   y la creciente controversia suscitada una vez conocido el fallo de Su Majestad Británica en el arbitraje sobre el Canal Beagle, que en definitiva adjudicó a Chile el dominio territorial de las islas Picton, Nueva y Lenox .

Particularmente con la decisión del gobierno argentino de declarar “insanablemente nulo” el laudo arbitral, se produjo al otro lado de los Andes un clima bélico creciente y una movilización militar hacia el extremo austral que obligó también a Chile a adoptar medidas, preparándose para lo peor ante el riesgo inminente que se produjera una guerra de consecuencias .imprevisibles. En el hecho las Fuerzas Armadas de ambos países estuvieron en pie de guerra y a fines de de 1978 estuvo a horas de producirse el enfrentamiento de los buques de las dos Armadas en el lado del Atlántico.

Fueron meses de preocupación y zozobra los de 1978, en que, no obstante,   sectores con mayor visión de la gravedad del problema, entre ellos ambas conferencias episcopales, recurrieron al Vaticano pidiendo la intervención papal. Casi en el momento justo en que pudo haberse llegado al enfrentamiento, se produjo lo que algunos han llamado milagro de Navidad. El Papa resolvió enviar a Buenos Aires y Santiago al cardenal Antonio Samoré , quién, con sabiduría y gran energía, logró poner de acuerdo a los gobiernos y presidió la conferencia de Montevideo en que se solicitó formalmente su mediación a Juan Pablo II.

El 4 de mayo de 1979, el Papa aceptó mediar y desde entonces, con interrupciones y tropiezos, pero también con el interés y buena voluntad de las partes, se avanzó en las negociaciones. Finalmente, el 29 de noviembre de 1984, en la Sala Regia del Vaticano, los cancilleres Jaime del Valle de Chile y Dante Caputo de Argentina estampaban su firma al pie del documento definitivo, el Tratado de Paz y Amistad que ponía fin al conflicto y a la exitosa mediación. El 2 de mayo de 1985 , en otra ceremonia de alta significación, presidida por Juan Pablo II, se realizaba el canje de los instrumentos de ratificación, entrando en vigor el tratado que auguraba a futuro la mutua colaboración para trabajar por el desarrollo conjunto en el cono sur de América. Chile y Argentina no pueden ni deben olvidar jamás, lo que ya es parte de su historia patria; la resuelta , oportuna y valiosa intervención del venerado Papa Juan Pablo II, que con su mediación evitó lo que pudo haberse convertido   en la locura de una inconcebible guerra fratricida entre países que desde su independencia   forjaron, en los propósitos y en los hechos, una sólida vecindad, amistad y cooperación.